29 de noviembre de 2011
Amanece
25 de noviembre de 2011
Desconocidos
desfile de fantasía.
Quiero que sepas lo que pienso,
que no tengas que adivinarlo.
No tienes ni idea de dónde vengo,
no tenemos ni idea de a dónde vamos.
Lanzados a la vida como ramas en un río,
fluyendo río abajo, presos de la corriente.
Yo te llevo a ti, tú me llevas a mi.
Así es como podría ser.
No me conoces. Aún no sabes quién soy.
23 de noviembre de 2011
Entre vagones
21 de noviembre de 2011
Pesadilla
pero no era cierto
y sentí tus caricias
recorrer mi cuerpo.
Hoy sentí tu aliento
acelerar mi sueño
y soñé que sentía
deseos de estar muerto.
18 de noviembre de 2011
El eslabón perdido
Una alarma saltó en su ordenador. El número 1623.854.276 había entrado en nivel 3 lo que significaba localización y detención inmediatas. Accedían a nivel 3 todas aquellas personas que infringían de forma reiterada alguno de los apartados de la LRG (Ley de Régimen Global del año 2015) Un plano del distrito centro de Madrid aparecía en pantalla con multitud de puntos multicolores. Pulsó doble clic sobre uno rojo intermitente para acceder a la ficha del individuo. Lucinda Vega. 29 años y natural de Bogotá. Soltera y licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid. Hizo un seguimiento por todas y cada una de sus faltas desde la entrada en vigor de la ley. Una alerta por posesión de marihuana, varias relaciones homosexuales, dos visitas a países musulmanes, Marruecos y Senegal, un aborto, 19 tweets en contra de la corriente informativa, 6 descubiertos bancarios, una detención por desacato durante las violentas revueltas de Barcelona del 2018 y así hasta cien. Caliente…, pensó. Una vulgar multa de estacionamiento le había hecho superar la barrera de los mil puntos en su conducta electrónica convirtiéndose en objetivo de nuestro protagonista. Transfirió a su PDA la localización exacta, última planta del Edificio Nuevo Mundo y partió con celeridad hacia el 7.533 de la calle Castellana. Era una azotea convertida en terraza de lujo. Pidió una cerveza y se sentó en una mesa frente a ella. Sus miradas se cruzaron. Lucinda escrutó sin tapujos su uniforme y comprendió que iba a ser detenida, no era la primera vez. Saboreaba un Gyn Tonic con una despreocupación que rozaba lo impertinente, pero, nuestro protagonista, estaba muy lejos de su oficina, de su ordenador. Se dejó llevar por los labios humedecidos en alcohol, por la refrescante brisa, por una embriagadora sensación de libertad y no pudo evitar sentir miedo. Pulsó eliminar infracción en su PDA mutando el diminuto punto del rojo al amarillo. Se levantó sin quitarle los ojos de encima. Ella le dio las gracias alzando la copa y el se detuvo un instante. Sonrió, y desapareció en la noche como un eslabón perdido.
Micro Relato en 350 palabras integrado en la colección de ciencia ficción “El día de los cinco reyes y otros cuentos” publicado por MiNatura Ediciones.
16 de noviembre de 2011
Un grifo mal cerrado
El estallido de una gota.
Lejana.
Y otra, y otra, y otra.
Acompasadas.
Secuencia rítmica. Bucle infinito
como el eco de tus palabras.
14 de noviembre de 2011
Irreconciliables
Hoy habrá luna llena y además es tu cumpleaños. Descansará el guerrero bajo el arco iris lunar. Tú harás uso de mi cuerpo, filtrarás tu luz por las grietas de mi cara más oculta y partirás..., como cada mañana, con el alba a la batalla.
12 de noviembre de 2011
Otoño...

...que tiendes ante nuestros pies
10 de noviembre de 2011
La sonrisa vertical
El niño sonríe mirando a la cigüeña. El padre sonríe mirando al niño y yo..., sonrío mirándolos a ambos.
9 de noviembre de 2011
Mujer Poema
Acaricio con dulzura las palabras.
Lentamente,
recorro con mi lengua cada letra.
¡Quiero alcanzar tu alma!
Mujer Poema.
7 de noviembre de 2011
Reencuentro
6 de noviembre de 2011
Primera pedalada
Un loro que se cuelga de una rama
y repite con su voz enlatada el mensaje del supuesto progenitor.
Absurdo soliloquio de palabras encadenadas
que entran y salen como muertos insepultos de un centro comercial en rebajas.
Un limpiabotas saca brillo a la cabeza de un lama tibetano
mientras otro niño muere en el Tercer Mundo.
La culpa cae sobre mi espalda formando un extraño ángulo,
soy las seis menos diez en el reloj del maitre que atiende a los cinco buitres.
El Gran Cuervo repliega sus alas devolviendo al mundo su color de sombra,
dibujando el miedo en nuestros corazones.
La luz no volverá a engañar nuestros sentidos; condenados a vivir,
la madre decide hacer una cura de sueño y el hijo saltar por la ventana.
A partir de aquí, egoísmo en cuerpo de lágrima.