Nunca olvidaré el día que nos conocimos, Tu imagen ha quedado impresa en mi memoria en alta resolución. Tantos pequeños matices.., la luz del mediodía realzando el brillo natural de tu piel; tu carita de incredulidad interrogándome acerca de dónde había salido y qué me había llevado hasta ti; tu pelo rapado, tus hoyuelos, tus enormes ojos negros.
Las luces de nuestro pasado proyectan las sombras de mi presente. Viejas heridas que se abren vaciándome la sangre, espíritus cansados y ojos resecos. Brujas que presagian lamentos. Gaviotas que auguran tormenta. Soledad hasta vuelta.
Dice el refranero español que es muy sabio que a quien madruga Dios le ayuda. Y aquí estoy yo; ocho de la mañana de un Domingo cualquiera en Madrid. Nada hace presagiar un día diferente, ninguna salvedad exceptuando la posición adelantada de las agujas de mi reloj. Decido salir a pasear antes de que me venza el desánimo y el aire fresco de la mañana me da los buenos días. Un grafitti decora un muro, dos borrachos zigzaguean calle abajo y Ella me sonríe desde su balcón.